#CulturaDigital La verdad sobre Lil Miquela, la influencer que no existe

De unos años a la fecha hemos aprendido a convertir un nuevo término en parte de nuestro vocabulario diario: influencer.

Estos fenómenos de las redes se han convertido en una de las prioridades de las agencias de publicidad y marketing. El influencer marketing en Instagram se valuó en 1 billón de dólares en 2017 de acuerdo a un estudio realizado por Mediakix, las estrellas de esta red llegan a cobrar miles de dólares por un solo post.
Los publicistas se están enfrentando con un nuevo mundo en el cual los influencers,ya no las celebrities, son la clave al corazón de los consumidores. Y aunque esta industria está creciendo exponencialmente, atraviesa problemas como los cambios de algoritmo, las cuentas falsas y el engagement comprado.
Los directores de marketing de las empresas se enfrentan a un gran desafío a la hora de encontrar formadores de opinión legítimos que los ayuden a llegar realmente a su target y cuando nos preguntamos quiénes serán los influencers del mañana, nos topamos con una respuesta que parecería venida del futuro. Lo que considerábamos como ciencia ficción hasta hace poco tiempo , hoy empieza a convertirse en realidad.
El usuario de Instagram @lilmiquela, seguido por más de medio millón de personas, es la cuenta de Miquela Sousa. Esta cuenta podría parecer la de cualquier otra influencer. Pisando los 20 años de edad y viviendo en Los Angeles, la vida de la dueña de esta cuenta se parece a la de la mayoría de las cuentas de los insta-famous quienes parecieran tener una existencia “perfecta”.
Acude a los eventos más cool de LA vistiendo los diseñadores de moda del momento y apoya distintas causas sociales mediante el uso de diferentes hashtags. Y, como en cualquier cuenta de estas it girls, la línea entre la fantasía y la realidad está desdibujada. Tanto así que sus seguidores ni siquiera estaban seguros de la existencia de Miquela en el mundo real.


La realidad es que esta cuenta fue generada por una computadora. En una reciente entrevista publicada por The Buisness of Fashion a Miquela Sousa, la influencer virtual, afirmó que nunca le han pagado por usar prendas pero que sí le han enviado regalos de varias marcas. En su cuenta se puede apreciar cómo apoya a las firmas y etiqueta las marcas que le gustan y, especialmente, a los diseñadores emergentes. Sus ingresos se generan a través de iTunes y Spotify, donde sube la música que crea, confirmando que estará como modelo en publicaciones llevando marcas como Chanel y Burrberry.
Los consumidores tienen una ansiedad creciente por encontrar gente real a quién seguir, particularmente en las redes sociales que pareciera ser el lugar en donde todos crean un mito idealizado acerca de su propia vida en vez de documentar la realidad. Ellos se sienten incomodos con ver cosas que no son lo que parecen, lo cual técnicamente, se duplicaría en el caso de Miquela ya que solo existe en una dimensión extraña en la que lo real y lo ideal se entrelazan.
Los influencers utilizan el marketing emocional cuando muestran sus vidas e intereses, pero la clave para llegar a su audiencia radica en crear conexiones únicas a través de la autenticidad y el vínculo con la gente. ¿Podrán los bots, los robots y la inteligencia artificial recrear estas conexiones reales? La realidad es que no deberían remplazar a las personas, sino que deberían ser una herramienta para que los humanos puedan generar una experiencia emocional mejorada para el usuario.
Hoy existen algoritmos que predicen que mensajes van a resonar e influenciar más a cierto público. Tener bots que conozcan a los consumidores al punto de poder entender su comportamiento de manera específica es sumamente útil para las marcas ya que podrán promocionar productos y experiencias en el momento preciso.
La tecnología tiene la capacidad de revolucionar el terreno del influencer marketing. Un universo nuevo que está en plena explosión y recién empieza: el 2018 es el año para empezar a pensar en esto.

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